Ante la pérdida de un ser amado

Durante mi infancia tenía dos compañeros de juego: mi hermano Santi y mi tío Ángel. Los tres teníamos prácticamente la misma edad: mi hermano era del 61 y mi tío y yo del 62.
Con mi hermano siempre capitaneando trepábamos a todas partes, nadábamos lejos y nos pasábamos la vida encima de los árboles, comiendo fruta a manos llenas. Cuando me daba miedo algún riesgo él me azuzaba para superarlo. Así viví muchas aventuras y aún guardo las cicatrices de muchas de ellas, algunas físicas y otras anímicas, como cuando me caí al agua y tuvieron que rescatarme con una red. Mi hermano vivió siempre experimentando a intensamente la vida y fue el mejor maestro que he tenido con respecto a no dejar que el temor me impida llevar adelante lo que decido.

Sentía a Santi como un guerrero valiente y en las noches inciertas y oscuras me iba a dormir con él. Siempre me acogía a su lado.


Una tarde de diciembre aprendí que la vida cambia cuando menos lo esperas. Pensamos que lo que tenemos en el presente estará con nosotros para siempre, pero nunca sabemos lo que tendremos realmente al día siguiente. Leer más

Mi amigo gorrión

GorriónEn el año 92 estuve un verano trabajando en el camping de unos amigos.

Un día entró un gorrión en el recinto donde transcurría mi quehacer laboral y se estrelló contra el cristal. Me acerqué y lo recogí intentando asustarlo lo menos posible. Me lo llevé a mi hogar-caravana. Le di un poquito de pan mojado en agua y el gorrión se fue quedando tranquilo y recuperando. Se quedó a vivir conmigo durante unos días.

Fue una experiencia muy intensa porque experimenté y comprendí cosas que nunca me había planteado. Una de ellas fue que la relación con un ave no es diferente a con un perrito o un gatito. Con los años me he dado cuenta de que a un nivel profundo es lo mismo con un árbol, con una planta, con un pez… Simplemente son lenguajes diferentes. Leer más

Me perdí y me encontré

“Cuando todos los caminos se han perdido, el Camino se abre paso claramente”
Ursula Le Guin

Hace más de 20 años participé en un encuentro de yoga en Bonn, Alemania.
No tenía ni idea de dónde se encontraba ubicado el hotel donde se realizaba el evento, porque me habían llevado unos amigos en coche y habíamos ido charlando alegremente todo el viaje. En lo único que me fijé fue en el nombre de la montaña: Venusberg, la montaña de Venus.
Me propusieron visitar la casa natal de Beethoven. La música de este autor es de las que más he escuchado en mi vida, así que me animé en seguida a visitar su casa y hacerme una idea del ambiente en el que vivió.
Me perdí y me encontré. Imagen
Aparcamos lejos, como a media hora, con la intención de caminar un rato por Bonn. Visitamos la casa y al salir tomamos otro camino, para poder conocer otra zona de la ciudad. En un momento dado, pasamos por una tienda y vi en el escaparate algo bonito que me llamó mucho la atención. Comenté que si no fuéramos en grupo entraría a preguntar el precio. Un amigo me dijo: entra y te espero en la puerta. Sus palabras me animaron a hacerlo y entré, pero cuando salí no había nadie esperándome. Leer más